Terminar Bien

Nehemías sabía cómo finalizar lo que había comenzado (vea Nehemías 6:15), y Dios usa las personas que saben cómo completar lo que han comenzado. Muchos de nosotros somos buenos para comenzar, pero no para terminar. La razón es muy sencilla. Las emociones nos motivan y nos ayudan a andar, pero se necesita más que emoción para llegar a la meta. Digamos que recibimos una palabra de aliento de Dios u otra persona, y salimos y empezamos a correr. La pregunta es, ¿cuánto tiempo mantenemos la carrera después de que las emociones se disipan? Muchos de nosotros nos detenemos en ese mismo momento, tan pronto como dejamos de sentir algo.



Recuerdo un tiempo en los comienzos de mi vida cristiana en que estaba muy entusiasmada, debido a una palabra que el Señor me dio. Vino a nuestra iglesia un conferencista invitado que tenía el don de profecía, y cuando estaba imponiendo manos sobre las personas, orando por ellas y bendiciéndolas, me dijo: “Te veo imponiendo las manos sobre millares de personas y todas caen bajo el poder de Dios”.
Me emocioné. Para mí, esa palabra era una confirmación de algo que yo creía que Dios me
había estado hablando. Me emocioné tanto que ¡creo que asusté al hombre! Por lo general, no respondo con tal fervor, pero estaba muy entusiasmada. Después de unos años, todavía estaba entusiasmada, pero era por otra razón. Era porque todavía estaba esperando que sucediera y pensaba: No creo que pueda soportar esta espera un momento más. Las emociones pueden subir y bajar, pero debemos recordar que son volubles y no nos dicen la verdad. ¡Pueden cambiar radicalmente del día a la noche!

El comienzo de algo nuevo casi siempre es emocionante. Pero no son los que comienzan la carrera con entusiasmo los que la ganan; son los que se mantienen en ella y logran cruzar la línea de llegada, cuando ya nadie está entusiasmado, cuando nadie está alentándolos, cuando sus emociones ya no los están apoyando, cuando ya no sienten que pueden seguir más, cuando parece como si nunca fueran a llegar al final, cuando todo lo que les queda es esa palabra de Dios que los hizo comenzar. Esas personas se llaman consumadores, ¡y seguramente Nehemías fue uno bueno!
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